Mario
Hiriart hijo de Schoenstatt
Schoenstatt es un movimiento mariano con un marcado
carácter apostólico y laical, nacido en
el seno de la Iglesia Católica. Su centro espiritual
es el santuario de Schoenstatt donde la Santísima
Virgen se muestra de un modo especial como la Madre
y Educadora que da a luz a Cristo en las almas de sus
fieles y las conforma según su imagen.
Schoenstatt fue fundado en 1914 por el padre José
Kentenich con el fin de hacer nacer dentro de la Iglesia
una nueva comunidad sobre la base de hombres nuevos
capaces de superar la masificación propia del
tiempo y de forjar una nueva cultura impregnada por
el espíritu de Cristo.
En 1949, desde el primer santuario filial de Schoenstatt
en Chile, por medio de un largo escrito, el padre Kentenich
explicó a la Iglesia la misión divina
de la cual se sentía portador. Entonces invitó
a sus hijos, los hijos de Schoenstatt, a una cruzada
de conversión por María en Cristo: había
que volver a poner a Dios en el centro y para eso contaban
con la ayuda fiel de la Madre de Dios y con la misma
fuerza con que el Espíritu Santo envió
a los apóstoles en Pentecostés.
Mario Hiriart, como los demás schoenstattianos
de esos años, no comprendió cabalmente
el alcance de las palabras del padre José Kentenich,
sin embargo, el tiempo, la gracia y sus reflexiones,
fueron conduciéndolo hacia la encarnación
del sueño de su fundador.
Mario fue cautivado por el llamado a ser un santo
de la vida diaria. Por transformar el mundo desde adentro.
Por reinsertar el cristianismo en la cultura y en la
propia vida, integrando lo humano y lo divino según
el orden querido por Dios. Utilizó todos los
medios ascéticos que su fundador proponía
para facilitar la acción de la Santísima
Virgen y la transformación por el Espíritu
Santo. De este modo, Mario Hiriart pasó de una
conciencia ética y racional de Dios, hacia la
certeza de la relación filial; del orgullo, hacia
la infancia espiritual; de la apatía y comodidad,
al sacrificio incondicional de la vida. Las cavilaciones
filosóficas que eran sus meditaciones, se fueron
transformando cada vez más en un diálogo
fiel, cariñoso y comprometido con Dios a través
de la Santísima Virgen. El santuario de Bellavista
se fue convirtiendo en el centro fundamental de su vida
interior y la Eucaristía, la Santísima
Virgen y su padre fundador, en sus grandes amores.
Así como en la naturaleza, gracias a las perspectivas
que se le abrieron en Schoenstatt, Mario llegó
a descubrir a Cristo vivo en el corazón de cada
hombre con quién tenía contacto y se esforzó
por transparentarlo hacia cada uno de los que encontraba.
Entendió el amor a los demás como puente
de amor a Dios. Siguiendo el ejemplo del padre Kentenich,
quiso amar intensamente a los suyos, pero no como fines
en sí mismos, sino como reflejos y a la vez caminos
hacia el Padre Creador.
Tras la muerte de Mario Hiriart, el mismo padre José
Kentenich llegó a decir de él a sus hijos:
"ese es el tipo de hombre que queremos encarnar"...
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Jesús, Buen Pastor, te alabamos
porque quisiste permanecer cerca nuestro
en el sacramento de la Eucaristía.
Te alabamos porque regalaste a Mario Hiriart
la vocación de ser cáliz vivo,
portador tuyo a los hombres,
según el ejemplo de María.
Él te siguió como
tu discípulo
en medio del mundo,
siendo heroicamente fiel
a su Alianza de Amor
con la Madre tres veces Admirable de Schoenstatt.
Confiados en que tú lo escuchas con agrado,
encomendamos a su oración...
(aquí se dice la intención por la
cual se implora).
Con gratitud te pedimos, Señor,
que tú concedas a Mario
el reconocimiento de la Iglesia
y pueda ser beatificado
para bien de todo el Pueblo de Dios,
para gloria de tu nombre,
del Padre y del Espíritu Santo. Amén.
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Textos extraidos del sitio oficial de Mario Hiriart.
www.mariohiriart.cl
Visítalo para conocer más acerca de su
vida.
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